EL MECÁNICO DE BICICLETAS
Había comprado hace unas pocas semanas un candado y una infladora (o bombín, como llaman aquí) para instalar en mi bici. Ante la falta de algunos tornillos complementarios, asumí llevar la bici y dejarla algunos días para este propósito. Sin embargo, el mecánico reaccionó como un resorte apenas levantó la cabeza de la mountain bike que recién terminaba de arreglar. Después de buscar algo en unas cajitas minúsculas, dedicó unos minutos para los acoples que le di y con destornillador en mano, en un pispás, estaba todo listo.
Era una persona sencilla, totalmente correcta. A pesar de que cuando me atendió, le colgaba la velilla de la nariz debido al frío. Su camisa de cuadros hablaba de un "savoir faire" tradicional. Al final de la visita, lo inesperado de su pronta ejecución fue superado por la ligereza con que atendió al siguiente cliente.
Personas sencillas, resultados eficientes.
EL SOL DE MEDIA TARDE
Esos rayos de sol que entran tan oblicuos por la ventana, que hay que inclinar la cabeza para mirarlos. Son suaves y tiernos. Son tan breves que uno se siente afortunado de coincidir con ellos. Tampoco se dan fácilmente en cualquier época del año. En invierno y otoño son más frecuentes.
Cuando se tiene tiempo y cabeza para apreciarlos es como si salieras de vacaciones a tomar un picnic. Los pajarillos reconocen esa luz afortunada y repiquetean sus picos mirando al vacío con los ojos ciegos de brillo. Las quijotadas tuvieron que ocurrir en esos momentos de lucidez al igual que las inspiraciones de los inventores y compositores de músicas y libros.
Como un filtro de la estrella madre, nos llegan las líneas de placidez bienestar, dejando la quemazón y el calor para otros momentos y lugares.
LOS DOMINGOS A GUARDAMAR
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Yo tengo pocas fotografías de aquella época en que iba con toda mi familia a pasar el día con mis tíos de de Guardamar. Allí estaba mi tía que siempre hacía cosas muy ricas de comer y tenía muchas amigas. Ahora, después de muchos años sigue igual. Mi tío sacaba a pasear a la perrita -Manuela- y compraba 2 ó 3 distintos periódicos todos los domingos para leer las diferentes opiniones de las noticias. Se iba de viaje él sólo para comprar vinos y mariscos a todos los lugares de España.
Con mis primas siempre he tenido una relación muy especial. Eran primas que tienen mucha más edad que yo, entre 15 y 16 años. Sin embargo, la relación con ellas siempre ha sido especial. Mis padres y los suyos se querían como si hubieran sido buenos amigos. Y así lo hacíamos nosotras también. Me encantaba que mis padres me dejaran dormir allí.
Mi prima Mari es maestra. Ella me enseñó a lavarme los dientes tres veces diarias y a hablar un rato antes de dormir. Con ella iba al parque y cuando pasaban varias semanas sin vernos, ella en Guardamar y yo en Albatera, nos escribíamos cartas. Luego se fue a vivir a Alicante un tiempo y también nos escribimos. Siempre ha sido muy coqueta, me acuerdo como se maquillaba con un lápiz de ojos y pintalabios naranja todos los días. Para mí todo novedad. Hasta los cuarenta y tantos no se casó y tuvo una hija. Para mí un ejemplo de hacer las cosas de una manera distinta.
Con mi prima Nuchi la relación era más distante, porque ella vivía fuera. Entonces cuándo coincidíamos quería participar de nuestros juegos pero la cercanía nunca era igual que como con Mari. Sin embargo, ya de adulta, mi relación con ella cambió. Empezamos a escribirnos cuando vivía en Villajoyosa y tenía a Roser, su hija mayor. La calle donde vivía, se llamaba Batalla de Lepanto y su casa tenía un salón con cojines para sentarse en el suelo. Cuando su marido y ella se divorciaron, me pareció que empezó a mirar la vida, como si la energía hubiera estado malgastándose todos los años atrás.
Siempre me siento orgullosa de mis primas y mis tíos. Mi familia de Guardamar, por vivir de una forma diferente.
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